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La música de Aimee Mann en Magnolia

17 Feb

Hace unas semanas, en este post recordé esa magnífica escena de la lluvia de ranas de la película Magnolia. Y ahora le toca el turno a los dos momentos musicales que el director Paul Thomas Anderson introdujo en el film.

Las dos canciones corresponden a la cantautora estadounidense Aimee Mann, la primera se llama “Wise Up” y la segunda, “Save Me”.

Disfruten estas increíbles canciones musicalizando estas increíbles escenas de ese milagro cinematográfico que es Magnolia.

La lluvia de ranas de Magnolia

12 Ene

En el libro Éxodo de la Biblia, capítulo 8 versículo 2, se puede leer: “Así lo hizo Aaron, y salieron tantas ranas que cubrieron todo el país de Egipto”.

El número 82 aparece de diferentes maneras una y otra vez en Magnolia (al principio, el hombre que cuelgan tiene un 82 en la camiseta, el avión tiene el nº 82, el apartamento es el 682, cuando el niño va a suicidarse hay unos cables que forman un 82 a su lado izquierdo, la conferencia es a las 8:20, el buzón donde dejar las cosas es el 8-2…).

Durante la película, varios partes meteorológicos se intercalan entre las escenas. Pero lo que ningún pronóstico puede anticipar es la lluvia de ranas. Eso que el director sólo dejó traslucir a través de sus mensajes ocultos.

La inesperada lluvia de ranas de Magnolia es uno de los grandes momentos del cine. ¿Qué significa? ¿Simboliza acaso que el caos que domina a los personajes ya no puede llegar más lejos? ¿Que un hecho semejante ni debería sorprender, teniendo en cuenta que las cosas que hacen los seres humanos suelen ser aún más disparatadas y sin sentido? ¿Que cualquier cosa puede ocurrir? ¿Que empieza algo nuevo y siempre hay esperanza? ¿Todo eso junto? ¿Nada?

No importa, no parece haber una sola respuesta. Tampoco tiene por qué haberla, esto es cine y cada uno siente las cosas como puede.

Que lluevan ranas nomás…

El cine que hay que ver: There Will Be Blood

16 Oct

En el 2007, uno de los mejores directores de los últimos tiempos estrenó la tercer obra maestra de su no muy prolífica carrera. Me estoy refiriendo a Paul Thomas Anderson y a There Will Be Blood.

Después de las enormes Boogie Nights (1997) y Magnolia (1999), Anderson se despachó con otra película magistral.

El film, que se inspiró libremente en la novela ¡Petróleo! (Oil!), de Upton Sinclair, publicada en 1927, se desarrolla en la California de principios del siglo XX, en pleno auge del negocio del petróleo. Allí, un minero pobre, Daniel Plainview, (Daniel Day Lewis) se transformará en un magnate multimillonario y ese será el punto de partida para contar una historia impregnada de poder, ambición, corrupción, religión, y por supuesto, petróleo.

En los primeros 15 minutos el director deja en claro que las cosas se hacen a su manera. Empieza el relato con una larga introducción en la que no hay una sola línea de diálogo y en la que se muestra el vertiginoso ascenso de Plainview. Narrativamente, uno de los comienzos más demoledores que se puedan encontrar.

Lo que sigue a continuación es un viaje perturbador a la parte más oscura del alma del ser humano. Esa parte que está gobernada por la codicia, la mentira y la falta de escrúpulos. Pero la historia es de por sí ambiciosa y también puede funcionar como una metáfora del capitalismo más salvaje. En ese sentido, se puede afirmar que estamos ante una obra anticapitalista.

Y la religión, representada por el personaje de Paul Dano (aquel joven actor que hiciera su aparición en Little Miss Sunshine), no es más que la otra cara de la misma moneda.

Daniel Day Lewis, soberbio una vez más, da cátedra, mientras que su partenaire Paul Dano no se queda atrás y sale muy bien parado del duelo interpretativo. La fotografía y la banda sonora compuesta por Jonny Greenwood (guitarrista de Radiohead) sobresalen y se convierten en un protagonista más dentro de la película.

There Will Be Blood es un film épico y grandilocuente. Su título original nos previene: Habrá Sangre. Y vaya si la hubo.