Y se nos fue Caloi…

8 May

La historieta, el humor gráfico y la cultura popular argentina acaban de perder a uno de sus grandes. Carlos Loiseau, mejor conocido como Caloi, murió ayer a la madrugada en una clínica de Buenos Aires a los 63 años, a raíz de un cáncer. La primicia la dio el director de la FM Folklórica de Radio Nacional, el periodista Marcelo Simón, amigo del guionista fallecido.

Caloi, dibujante, humorista e historietista argentino, nació en Salta el 4 de noviembre de 1948, comenzó su carrera en la mítica revista Tía Vicenta, aunque se daría a conocer al gran público con su personaje Clemente, todo un ícono del humor gráfico nacional. A partir de 1968 comenzó a trabajar para distintas secciones de Clarín, vínculo que perduró hasta el presente. Últimamente, publicaba una tira diaria de Clemente en el diario porteño, y también colaboraba con una página humorística para la revista Viva.

Caloi fue además un reconocido comunicador cultural a través de su legendario programa televisivo Caloi en su tinta, desde donde se dedicó a difundir innumerables cortometrajes de animación e historietas. Su primer idilio con el formato audiovisual fue en 1970, cuando realizó un cortometraje de dibujos llamado Las invasiones inglesas.

Prolífico, con más de 30 libros de humor publicados, Caloi, declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires en marzo de 2009, también trabajó para medios como la revista Análisis (entre 1968 y 1971) y El gráfico (entre 1976 y 1982). En 1987 se realizó una muestra retrospectiva de su obra, bautizada “20 años no es nada” y visitada por 110.000 personas.

“El negro”, como lo llamaban sus amigos, vio sus trabajos también reproducidos en Uruguay, Brasil, Venezuela, Colombia, México, España, Francia, Italia, EE.UU., Cuba y Bélgica, entre otros países.

En cuanto a tradición gráfica refiere, Caloi se pronunció admirador de los historietistas argentinos clásicos, muchos de ellos colaboradores de Rico Tipo y Patoruzú, como Quino, Battaglia, Oski, Cané, Lino Palacio, Pratt, Breccia, y también sus amigos Crist, Tabaré y el negro Fontanarrosa.

Acerca de su apreciación sobre las nuevas camadas de historietistas, Caloi fue sincero: “De los nuevos, subjetiva y objetivamente, Tute es el mejor”, declaró, en alusión a Juan Carlos Loiseau, su hijo.

Premio Konex de las artes plásticas en 1982 y 1992, Caloi había estado trabajando en el filme Ánima Buenos Aires, que se estrenó la semana pasada en Buenos Aires. La película de animación, de carácter colectivo, aborda distintas historias en la capital argentina. Allí el autor trabajó con su esposa María Ramírez y sus colegas Carlos Nine, Pablo y Florencia Faivre, entre otros.

Clemente, nombrado Patrimonio cultural de la ciudad por la Legislatura porteña, aparece en Clarín desde 1973: “Con Clemente somos como un matrimonio de muchos años de casados, nos conocemos demasiado. Y nuestra pasión se reaviva porque tenemos la suerte de que se reavive la actualidad. Siempre tenemos nuevos temas sobre los cuales reírnos juntos”, explicó Caloi en una entrevista reciente.

El personaje rayado y sin brazos, metáfora del ser argentino en su amor por el fútbol y las mujeres (entre las que destacaría la exhuberante Mulatona), apareció por primera vez como mascota de Bartolo, un motorman que recorría calles empedradas en su tranvía.

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Nota extraída de La Voz

Una respuesta to “Y se nos fue Caloi…”

  1. offshore bank account 29 de mayo de 2012 a 11:37 #

    [Imagen: Facundo, por Octavio Calvo ] Fue grande. Estaba hecho de la sustancia de los grandes conductores, con su intuición incomparable, el conocimiento de sus paisanos que le había dado un intenso comercio con los hombres, su valentía y ese magnetismo que le infundía calidades de jefe nato. Juan Facundo Quiroga pudo ser la gran figura de la organización nacional. Lo traicionó su salud, lo domesticó Rosas, y Buenos Aires gastó su impulso vital. EL Tigre de los Llanos fue un hombre excepcional. Descubrir esta condición fue el gran mérito de Sarmiento. El sanjuanino plagó su “Facundo” de errores, infundidos y mentiras pero acertó en lo sustancial al revelar la naturaleza impar del personaje y lo demoníaco e infernal de su índole secreta. Lo demoníaco en los imprevistos, que es una de sus singularidades mágicas: aparecer a diez cuadras del campamento de Lamadrid cuando todos lo hacen a cien leguas, o caer de improvista en la fiesta donde los unitarios de La Rioja celebran su derrota de La Tablada. Facundo nació en 1788 en San Antonio, un caserío situado al pie de la sierra de los Lanos de La Rioja (esa región no es una llanura, sino una comarca, el nombre le viene de la Sierra de los Llanos que domina la zona, cuya toponimia deriva de una vieja familia pobladora). Su padre era un importante hacendado de la región: durante varios años fue capitán de las milicias de la comarca y su hijo empezó su carrera militar heredando el cargo. Esto ocurrió en 1816 cuando Facundo tenía 28 años. Hasta entonces había sido un mozo andariego y jugador. También estuvo en Buenos Aires, según parece como enganchado del Regimiento de Granaderos a Caballo, siempre guardó una particular consideración por San Martín.

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