La ilusión hecha trizas

4 Jul

Argentina se fue de la peor manera del Mundial Sudáfrica 2010. Perdió 4 a 0 con un equipo superior que jugó el partido perfecto. Dolió, y mucho. Pero ya pasó. Ya es hora de regresar a la vida normal, a la real, a esa en la que no hay lugar para la felicidad que trae aparejada la conquista de un Mundial.

Ayer, el tramo final del segundo tiempo y la pesadilla menos deseada fueron exactamente la misma cosa. ¿Acaso no serán las 5 de la mañana y esto no será más que un sueño (uno muy feo)?  Pero no. Basta con pellizcarse para darse cuenta de que todo está sucediendo en el mundo real.

Ver un partido del Mundial no se compara a absolutamente nada. Se sufre en serio. No existe punto de comparación con, por ejemplo, ver a Boca jugando en Japón. Es otra cosa. Y por eso duele en el alma.

El primer gol de Klose a los 23 minutos del segundo tiempo fue el comienzo del fin. Hasta ese momento el partido lo había visto de pie, protestando, insultando, alentando. Y después de ese desgraciado gol, me senté y no volví a pronunciar palabra hasta media hora después de finalizada la pesadilla. El gol de Friedrich definitivamente quebró la esperanza de que el milagro ocurriera.

Pasó un nuevo Mundial, y como siempre hasta ahora, es sinónimo de decepción. Desde ayer, que se buscan explicaciones de lo sucedido. Y la verdad es una sola: se jugó un partido de fútbol y ganó el mejor equipo. Nada más. El planteo de Maradona no estuvo mal, ya que no renunció a su poderío ofensivo, que era su principal carta de triunfo. Poner a Verón junto a Mascherano y sacarlo a Tévez del equipo titular de ninguna manera garantizaba evitar una goleada.

Argentina había sufrido en defensa ante equipos que no lo habían atacado, y Alemania desnudó de la peor manera imaginable las falencias del equipo argentino, pero tampoco se le puede reclamar a Maradona haber hecho antes los cambios, ya que el final del primer tiempo fue esperanzador y el partido se podía empatar tranquilamente manteniendo a los mismos once para el complemento. Y justo cuando se venía el cambio ofensivo, Pastore por Otamendi, vino el gol de Klose. Un valde de agua del Ártico.

La Argentina no tuvo suerte. Y no se trata de encontrar un equipo que trascienda las individualidades, porque en el 2002 ese equipo estaba e igual la eliminación sobrevino en la primera fase. Y tampoco se trata de jugar mejor que el rival, porque en el 2006 Argentina jugó mucho mejor que Alemania y el resultado fue el mismo: derrota.

Para ganar un Mundial no creo que se necesite  de un super equipo, tampoco de jugar demasiado bien, y muchísimo menos de que la relación de los jugadores entre sí y con el técnico sea la mejor. Es un mes en el que hay que ganar cuatro partidos a vida o muerte y en el que la suerte tiene que estar del lado propio.

Uruguay está en semifinales por haberle ganado a Corea del Sur y Ghana. A Alemania le empataron un partido de 2-0 en un minuto aunque el árbitro no lo haya visto de esa manera. España hizo un gol en off side ante Portugal, y su rival de cuartos de final, Paraguay, erró un penal y sufrió la anulación de un gol legítimo. Holanda recibió una lección de fútbol ante Brasil y por esas cosas de la vida sigue en carrera. A ver, un ejemplo más claro. En el 2002 Alemania llegó a la final después de ganarle a Paraguay, Estados Unidos y Corea del Sur.

Podrán decir que Alemania mereció golear a la Argentina, y es cierto, pero la mala suerte reside en el hecho de que, a pesar de ser un gran equipo, los germanos jugaron el mejor partido de su vida. ¿Cuántas probabilidades había de que eso ocurriera? Insisto, Alemania habrá jugado bien ante Inglaterra, pero Inglaterra, en su peor partido histórico, le remontó una desventaja de dos goles en un minuto. Pero claro, Larrionda y el línea no vieron el gol de Lampard.

Siempre pasa algo con Argentina en los Mundiales. Todavía, no la pude ver jugando una semifinal. Sudáfrica 2010 me deja dos enseñanzas. Una tiene que ver directamente con los Mundiales.  A partir de Brasil 2014, nada de “les hacemos tres”, “les rompemos el culo” o “vamos a salir campeones”. Predominará la mesura. La otra, es mucho más abarcativa y útil para la vida en general. Desecho a partir de hoy y para siempre algo que me animo a llamar la “teoría del equilibrio histórico”. La historia no determina los hechos, sino que es al revés. Las cosas pasan (por que sí), y es el presente el que las explica. Sólo despúes entra en escena la historia, descubriendo las conexiones que tienen más de casual que de causal.

Pasó Sudáfrica 2010. Todavía no es tiempo de pensar en Brasil 2014. Ya se encenderá de nuevo la ilusión. Pase lo que pase, hasta la muerte.

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