El cine que hay que ver: Fight Club

21 Ene

Finalmente me toca recomendar Fight Club, seguramente la película más profunda, compleja e incomprendida del cine postmoderno. Mi película favorita, entre todas las que vi (está #17 en el Top 250 de la IMDB, así que es cosa seria).

Esta obra suprema, adaptación de la novela homónima de Chuck Palahniuk, llegó al mundo en 1999 y fue recibida de manera dispar por parte de la crítica. No se puede esperar menos de una película que el público no estaba (y seguirá sin estar) preparado para recibir.

La dirección estuvo a cargo de David Fincher, un cineasta proveniente del mundo de la publicidad y los videoclips, que por entonces ya había sido responsable de uno de los mejores thrillers jamás filmados: Seven (Pecados Capitales).

Es curioso que Fight Club haya sido acusada de ser una apología de la violencia, cuando justamente es la crítica más contundente y feroz que el cine ha realizado contra ella. Pero repito, la mayoría de la gente no tiene la cabeza lo suficientemente abierta como para interpretar en toda su dimensión el mensaje de la película (yo mismo no lo entendí en un primer visionado, y tuve que esperar a que madurara mi manera de ver el mundo para comprenderlo y hasta tuvieron que pasar algunos días más para que me cayera la última ficha). Conservadores, abstenerse.

En Fight Club, signo de los tiempos si los hay, vemos cómo un personaje hastiado de su aburrida y monótona vida, conoce en un avión a un vendedor de jabones muy particular, que lo ingresa en un mundo sórdido de clubes de pelea donde la autodestrucción es el camino para llenar ese vacío existencial.

La película en su conjunto es un ejericico de estilo muy innovador. La fotografía resalta el carácter realista y decadente que el director trata de imprimirle al film. Fincher se vale de narración en primera persona, de mensajes subliminales escondidos en diferentes partes del metraje, y de planos llamativos, entre otras cosas, para lograr una puesta en escena impactante. Qué decir del apartado actoral. Edward Norton confirma por qué es considerado uno de los mejores actores de la actualidad, y Brad Pitt demuestra (una vez más) que hay que tomarlo muy en serio.

Dentro de la genialidad del guión, es imposible no detenerse en las frases que pronuncia Tyler Durden. Por ejemplo: “Únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar”; “Tienes que saber, no temer, saber que algún día vas a morir, y hasta que no entiendas eso, eres inútil”; “Encontré la libertad. Perder toda esperanza era la libertad”; “La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. […] Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy enojados”.

Es claro, estamos ante una película anticapitalista. Ahora, ¿Cómo podemos interpretar el desdoblamiento de la personalidad de The Narrator (que no Jack)? Para algunos, el hecho de que un “esquizofrénico” sea el que atenta contra el sistema, para después intentar deshacer todo lo que hizo, inválida de cierta manera el discurso. Desde mi punto de vista, no había otra manera de que se pudiera canalizar semejante furia, ya que lo que hace el sistema justamente es crear seres que están impedidos de atentar contra él. El personaje de Norton es una persona normal, y sólo a través de su álter ego fue capaz de organizar los clubes de la pelea, como una manera de descargar la rabia acumulada y encontrarse a uno mismo, y el aún más ambicioso Proyecto Caos, con el objetivo de destruir los edificios de las compañías de tarjetas de crédito. Al final, Tyler muere y The Narrator se conforma con el amor: “Me has conocido en un momento extraño de mi vida” le dice a Marla. ¿Qué significa esto? Que The Narrator se rindió ante el sistema y no quiere otra cosa que estar al lado de la persona que ama.

El final, con música de los Pixies, es tan romántico (esos edificios simbolizando la caída del sistema) como triste (la muerte de Tyler). Es, ni más ni menos, la mejor escena de la historia del cine (bueno, no vi toda la historia del cine, pero varios que han visto mucho más que yo, al menos la ponen entre las mejores).

Fight Club es una película necesaria que nos puede ayudar a reflexionar cómo es el mundo. Un mundo en el que no existe la libertad y vivimos atados a las exigencias del sistema, ya sea trabajar, casarse, comprarse una casa o un auto. Un mundo consumista en donde el dinero parece tener en los hechos más importancia que la vida ajena y hasta la propia. Un mundo donde no todos tenemos las mismas oportunidades y nuestras vidas están predestinadas no por obra de una divinidad sino simplemente por el lugar en el que nos toca nacer.

En fin, parece que me olvidé de que las dos primeras reglas del Fight Club son “You do not talk about Fight Club”…

Otras recomendaciones…

Big Fish

Eternal Sunshine of the Spotless Mind

Mulholland Drive

There Will Be Blood

Million Dollar Baby

Las películas de Pixar

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